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miércoles, 3 de julio de 2019

Realidad y verdad


Soy muy consciente de la realidad. No sé hacer nada. No valgo para nada. 
Y soy muy consciente de la verdad. En la mediocridad soy un cerdo en una charca.
Y sí, uno puede reírse de este pensamiento raro, considerar que he fumado algo no tan mediocre o creer que me ha dado un “parraque” depresivo.
La realidad y la verdad son las reflexiones que me producen, pasado un tiempo de duelo, haber leído titulares cómo:
“Los robots con “pene biónico” podrían llegar a sustituir sexualmente al hombre” o “Un estudio revela que el estilo de vida actual nos está volviendo estúpidos”.
Cómo para no seguir siendo ese cerdo.


miércoles, 12 de junio de 2019

4pak4 — Miércoles de noticiario

Los tres cerditos se debaten entra la alegría y la zozobra. Soy vegano— ha declarado el lobo.

Importante empresa del IBEX cierra por falta de esclavos. Imposible mantener los márgenes de productividad sólo con trabajadores con derechos reconocidos— ha declara el portavoz de la empresa.

Una decena de osos panda del Zoo de Madrid multados por no tener el distintivo ambiental de la DGT. Sí, el desconocimiento no exime del cumplimiento de la Ley— nos dice su cuidador.

Un padre llama a emergencias debido al ataque de nervios que sufrió su nena cuando fue al congelador a coger un helado y se dio de bruces con Elsa. Me escondía de Ana y me he despistado un poco— comentó Elsa.

martes, 11 de junio de 2019

Cuerpo en positivo

....
Notaba algo raro y al final le pregunté. Con sus medias palabras y parsimonia de siempre, miró mis ojos y pasado el tiempo acostumbrado de indiferencia —nada —contestó.
Sabía que ese nada era improbable. No creíble. Una cortina de humo.
Cogí dos galletas, un trozo de chocolate y una silla para acomodarme a su lado. Insistí una, dos y hasta tres veces en la pregunta. Cero respuestas.  Tenté su ausencia con las galletas. Pasó. Subí la apuesta con el chocolate. Ni por esas.
No recuerdo el tiempo que estuvimos en tensa espera, pero debió de ser mucho ya que el chocolate se había medio fundido un presentaba un aspecto de masa informe donde podía atisbarse en la superficie el espejismo de lo que fue una onza.
Me rendí. Levanté mi culo de la silla, la devolví a su lugar y en un certero y rápido movimiento agarré sus carnosos mofletes para darle un sonado beso y un gigantesco abrazo. Sé que le daba mucha rabia, pero no me pude resistir.
Cuando me alejada, dándole la espalda camino de la puerta de la habitación Carlitos musitó
—No quiero ser gordito, ni gordinflas, ni mierdas de esas. Quiero ser simplemente gordo.
Le guiñé un ojo y cerré muy despacio.

martes, 4 de junio de 2019

Ritual


Mira el euro cincuenta que tiene entre las manos en forma de especie. Un café negro, muy negro y amargo. Un dedal de líquido de olor penetrante que soporta una espesa crema, la misma que al paso del tiempo se disipa y deja sobre la loza unas manchas marrones de caprichosas formas dignas de un psiquiatra. No tarda más de cinco minutos en desaparecer. Empieza la rutina, el momento de coger entre el los dedos pulgar e índice un terroncillo de azúcar e introducir uno de sus picos en el líquido ya descremado. Mira como milímetro a milímetro el café se adueñaba del terrón, mutando del blanco al marrón, sin compasión, sin reparo ni duda. Una vez conquistado el escarpado territorio, deja el terrón embebido sobre la lengua y pasa a degustarlo lentamente. Estalla el almíbar alrededor de las papilas y por una décima de segundo todo a su alrededor desaparece en una turbia nebulosa mientras que en sus oídos se reproduce la melodía de Adoro interpretada por Bambino, consecuencia de las horas y horas de estudio de la partitura que últimamente realiza de forma obsesiva. Este estado onírico se repite varias veces, tantas como terroncillos contiene el paquete de azúcar que se sirve con el café. Degustado el último y utilizando los mismos dedos, coge por el asa la taza y posa la templada loza sobre el labio inferior mientras deja entrever el hueco de la boca. Mediante sorbos pulsantes, permite fluir el líquido, ahora mucho más amargo, hacia la garganta. En cada sorbo, explosionan todos los matices sobre el empalagoso paladar. Es la guerra. El dulce quiere sobrevivir al amargo y presenta una descarnada defensa. El amargo, cada vez más fuerte, gana terreno. Con el tiempo, se llega a un punto de equilibrio dulce-amargo. Es el momento del éxtasis, el momento por el cual merece la pena repetir un día y otro, es el momento del ritual.

“PD: impresiona sentir la vida propia de los relatos. Mientras que tu mente estructura una trama el relato impone la suya. Algún día contaré mi trama, esta es la trama del relato”

miércoles, 21 de marzo de 2018

Frigo

Una vez abierto mi corazón en canal, ya sólo quedaba una cosa, lo ponía en la etiqueta pegada a mi brazo derecho, conservar en frío una vez abierto.
Raudo, abrí la puerta del frigorífico, me coloqué en la balda más próxima al congelador y con la ayuda de un trozo de perejil cerré la puerta. Eché un vistazo alrededor como el que visita una obra de la calle. Queso de cabra, media cebolla descolorida, un limón moribundo a medio exprimir, un plátano llego de pecas, un cogollo de lechuga lacio, media docena de yogures sin vida, tres o cuatro huevos morenos en situación de alerta y con el código de barras visible. Categoría cero. Al menos sus madres tenían mejor vida.
Empezaba a notarse un poco de frescor y se oía ruido. Mucho ruido. El compresor trabajaba al máximo para poder mantener la temperatura de consigna. Cerré los ojos, recosté la cabeza sobre un tomate huérfano que había a mi lado y me sumí en un profundo viaje. Regresé a mi cuarta reencarnación, el día en que renací siendo ella, siendo crema de almendras. Era fuerte y contundente, pero muy dulce. Eran tiempos extraños y convulsos. Podíamos ser desterradas por el simple hecho de pensar en endulzar un café, encarceladas y apaleadas por hablar con un café, e incluso, ajusticiadas por enaltecimiento de nuestra sensualidad dulce. Recuerdo que fue un tiempo de peticiones; colgábamos nuestras etiquetas sobre las ramas de los árboles y aporreábamos nuestras tapa-cabezas a ritmo como forma de discrepancia. Fueron días en lo que se forjó la leyenda, El Futuro.
El chasquear de las pinzas de los cangrejos que debajo de mí intentaban no quedarse dormidos para evitar una muerte segura, me trajeron de vuelta. Renovado, fresco y renovado. Aparté las cebolletas, saqué de mi nariz una maldita punta de zanahoria y mientras abría la puerta del frigorífico me dio tiempo a salvar la vida a un trozo rancio de mantequilla que caía al vacío.
Sin perder un segundo en cerrar la puerta del frigo, corrí como pollo sin cabeza, y juro que no era por menospreciar o burlarme del sujeto que vivía, dicho esto con todo reparo, en la segunda balda, sino para evidenciar la premura que tenía en abrazarla fuertemente. Ya no me dolía el pecho.
“Mis tres niñas son el corazón cosido a mi cuerpo, auténtica etiqueta de calidad”

lunes, 19 de marzo de 2018

Quise ser

Quise ser ajo, pero me picaba mucho el corazón.
Probé a ser cebolla. Un chasco, me lastimaba el que a mi lado el resto llorase.
Pasé algunas temporadas jugoso como un tomate, otras turgente como una lechuga y unas pocas tieso como un pepino. Aquí me encontraba cómodo, lástima que repetía como un demonio. Lo dejé.
Intenté ser blandito como un queso de burgos. Se convirtió en una fantasía frustrada. Pasé la mayor parte del tiempo roto o caducado, abandonado en una esquina de la nevera con un frío que pela.
Sin ánimos, probé con las formas líquidas. Error. Al ser aceite me volví escurridizo, y asumir que era vinagre me costó un triunfo. Mi carácter se agrio superlativo.
Para finalizar, creí que la sal era el Grial de la vida y recorrí un largo y tortuoso camino de urticarias.
Y te preguntarás: ¿a que viene todo esto? La proporción de la mezcla y el resultado final lo dejo en tus manos.


"Hay que pasar por un sinfín de realidades para ser una buena ensalada"

Megatón

Hola Blanca, te escribo pasados cuatrocientos veintinueve días para saber de ti, de cómo te va, de la sensación de descanso que sobre tu cuerpo aflora pasado el tiempo sin ser taladrada o arañada por legiones de hormigas cargadas de ideas, pensamientos efímeros e intrascendentes. Y pueden parecer muy pesados para unos seres tan diminutos, pero no. Algunos tipos de heminópteros son capaces de levantar cien veces más de su peso, equivalente a que un ser humano levantase con la boca ocho toneladas. Reflexivo. El tamaño importa. Cuanto más pequeña la hormiga, mejor relación masa-fuerza se le otorga. Cuanto más pequeño el pensamiento, cuanto más ínfimo, más fuerza de expresión. Una explosión de ocho toneladas, un mínimo Megatón para una mínima idea que puede llegar a ser un trueno nuclear. Es hora de activar la carga, de llamar a las hordas de hormigas para que, poco a poco, gramo a gramo, exploten sobre tu espalda, Blanca. Ahora, con fuerzas renovadas, podrá volver a contarme que se siente, necesito saber si valió la pena la moratoria nuclear.